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Sobredosis en los negocios

Sobredosis en los negocios

Por: Juan Pablo Quintero.

Antes que nada, quiero confesar el reto mayúsculo que tengo al escribir en un espacio como éste. Quienes me conocen, saben que mi profesión es la abogacía; con el tiempo uno aprende a escribir en un lenguaje parsimonioso que a la mayoría de los lectores les puede resultar de aburrimiento trágico, mientras uno vuelve a leerse y piensa para sí mismo que la prosa es muy entretenida y hasta parecida al nivel de Mario Vargas Llosa. Por ello, si en algún momento incurro en un lenguaje poco común y extraño, de antemano pido excusas.

Entrando en el tema sobre el que quiero escribir algunas palabras, en primera instancia, considero adecuado compartirle al lector de dónde vengo: Soy una generación producto del movimiento Sobredosis; he estado en todos los eventos que se han hecho en Bogotá, y he vivido el proceso de crecer adentro de semejante ambiente año tras año. Para el 2007 era un joven de 21 años, sin novia, ni hijos y siendo un estudiante universitario, y sin una vocación de servicio en la iglesia muy clara; era (soy aún) ministro de alabanza, “líder” juvenil, y me entregaba al servicio de lo que se fuera ofreciendo.

Mi sentimiento con Dios para con Sobredosis es de agradecimiento, y de honra a lo vivido. En los tiempos proféticos, Dios me habló de mi esposa, de mi profesión, de mi llamado. Hoy, viendo las fotos, puedo evidenciar que Dios ha caminado conmigo, que nos hemos divertido, y que me ha dado el regalo de construir familia que ya ha viajado conmigo en viajes misioneros con Sobredosis.

Sin embargo, confieso que en el segundo semestre del año 2019 pasé por una circunstancia extraña: Mi vida exterior estaba bien; no estaba viviendo en pecado, mi vida en familia lucía saludable, asistía a la iglesia con disciplina, pero en mi interior algo no me estaba dejando tranquilo. Fue un momento de quiebre, en el que tomó tiempo entender que Dios quería llevarme a un nivel superior, y cada día lo estoy entendiendo más.

Hoy entiendo que Dios nos regaló los dones (valga la redundancia) para vivirlos al máximo en nuestra cotidianidad. En el 2020 he entendido que toda mi historia en Sobredosis tiene que salir de los eventos, la iglesia, los grupos de vida, e incluso del hogar. Es tiempo que Dios nos hable de momentos en el mercado, de tendencias de consumo, de fallos judiciales, de la variación del dólar, de moda, de franquicias, de música. Es tiempo de que entendamos que estamos ministrando, tanto mientras lanzamos una palabra profética en un salón de una iglesia, como cuando estamos digitando una tabla de Excel haciendo inventario de nuestro negocio. Ambas cosas son el trabajo de Dios, Él las aprueba y tiene cosas que decirnos al respecto.

Dios ya ha empezado conmigo. Me ha hablado de actuaciones judiciales no reportadas en los sistemas de información, lo cual ha sido de un testimonio impresionante para las personas no creyentes que trabajan conmigo, porque hemos podido actuar y ofrecer un mejor servicio a nuestros clientes. Lo ha hecho con otros: Ha hablado de la variación del dólar, y personas del sector bursátil han quedado impresionados, puesto que los hombres que le han creído a Jesús, han podido hacer ganancias en tiempos tan difíciles. Tenemos las herramientas en nuestras manos para tomarnos este mundo; solo necesitamos creerle, y creer en lo que nos ha entregado.

Esta comprensión es muy importante en La década del evangelista, ¡léelo! También te recomendamos ¡La alegría de vivir, se contagia!

Mañana, 28 de abril, volvemos con más de Reset. Si no sabes de que te hablamos o si quieres recordarlo, observa este video en el que Dios nos comparte un principio muy parecido al que Juan Pablo nos mostró en el texto:

La foto de portada es de
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Riccardo Annandale

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